INTRODUCCIÓN
Dentro de las lesiones musculares, encontramos la rotura fibrilar. Se trata de una lesión común dentro del mundo deportivo, que se puede producir por diferentes motivos como traumatismo directo, elongación brusca y descoordinación neuromuscular entre otros.
La rotura de fibras viene acompañada de un dolor intenso que impide continuar con la actividad que se lleva a cabo en el momento de la lesión. Las personas que lo sufren suelen describir un ‘pinchazo’ en la zona del músculo afectado.
Normalmente, dicha sensación suele venir acompaña de la aparición de un hematoma o sangrado en el área lesionada.
En la mayoría de los casos, la localización de la lesión se produce en los músculos de la extremidad inferior, a nivel de cuádriceps, isquiotibiales o gemelos. Sin embargo, en otras ocasiones también se presenta en la musculatura de los miembros superiores a nivel de pectoral, dorsal ancho, bíceps o tríceps.
El pronóstico de la lesión muscular va a depender de la localización, del grupo muscular y de la actividad deportiva. Además, cuanto mayor sea la destrucción del tejido conectivo que rodea las fibras musculares dentro del músculo, mayor tiempo de recuperación.
FACTORES DE RIESGO
A continuación, se describen los factores de riesgo que pueden predisponer a la persona a sufrir la lesión:
- Falta o exceso de actividad deportiva (fatiga).
- Falta de calentamiento.
- Desequilibrios musculares.
- Edad.
- Tipo de actividad deportiva.
- Antecedentes de lesiones previas.
DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO
Ante este tipo de lesiones, se debe acudir a un profesional para llevar a cabo una detección precoz, ya que es importante obtener un buen diagnóstico de la lesión que vamos a tratar, para después enfocar un plan de tratamiento correcto e individualizado.
Durante la fase aguda, el tratamiento se centra en la aplicación de frío local, vendaje compresivo, reposo y elevación. Se recomienda evitar la toma de antiinflamatorios para no cortar la fase inflamatoria de la lesión, y de esta forma, facilitar la fase posterior de regeneración del tejido.
En las sesiones iniciales de fisioterapia, se realiza masaje drenante en aquellos casos que cursen con importante inflamación, para ayudar a evacuar el exceso de líquido y favorecer la recuperación.
Para la fase de regeneración, se emplea la movilización pasiva por parte del fisioterapeuta, así como la pauta de ejercicios isométricos y estiramiento suave según la tolerancia del dolor.
En las fases posteriores, se incorporan progresivamente ejercicios de fortalecimiento para mejorar la fuerza muscular respetando los tiempos de recuperación del tejido, empezando por contracciones concéntricas para llegar al trabajo excéntrico.
Finalmente, el trabajo del fisioterapeuta irá enfocado en la vuelta a la actividad deportiva, trabajando ejercicios de propiocepción, agilidad y gesto específico, asegurando una buena activación y coordinación neuromuscular.
PREVENCIÓN
Tener en cuenta una serie de recomendaciones, nos ayudará a prevenir este tipo de lesiones:
- Incluir un calentamiento previo a la realización de actividad física. Dicho calentamiento debe incorporar la movilidad de todas las articulaciones, para que de esta forma se realice una preparación de la musculatura que va a intervenir en la actividad.
- Evitar la fatiga muscular. Es importante respetar los descansos que el cuerpo necesita.
- Buena hidratación que ayude a reponer las sustancias que se pierden durante el ejercicio.
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